El 23 de junio reivindicamos y visibilizamos el rol de la mujer en la ingeniería, un ámbito históricamente asociado a lo masculino. En Argentina, casi 6 de cada 10 estudiantes universitarios son mujeres. Pero solo representan el 25% de la matrícula en Ingeniería y Ciencias Aplicadas y el 15% de las inscripciones en la carrera de programación (Chicas en Tecnología y Medallia, 2015).

En cambio, las mujeres son amplia mayoría en carreras de grado relacionadas a idiomas (82%), ciencias de la salud (76%) o ciencias sociales (72%), según datos que aporta un estudio de CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento).

Además, según el Ministerio de Educación de la Nación, no solo la matrícula femenina en ingeniería es muy baja, sino que además está concentrada en pocas especialidades como ingeniería en alimentos (70%), ambiental (62%) y en recursos naturales (63%). Por el contrario, en ingeniería eléctrica, electromecánica y mecánica representan sólo el 6% del total.

Un estudio en la ciudad de Buenos Aires reveló que, entre los seis y los ocho años de edad, nueve de cada diez niñas vinculan la ingeniería con habilidades masculinas (UNESCO, 2017). Además, si bien a esa edad alrededor de 30% de los niños y las niñas se consideran buenos para matemáticas, a los nueve y diez años este porcentaje cae a 20% de los niños y solo 11% de las niñas.

En 2014, la Women’s Engineering Society (WES) convirtió el día 23 de junio en el Día Internacional de la Mujer en la Ingeniería, con el objetivo de destacar el papel de las mujeres ingenieras en un sector que, como otros ámbitos STEM, ha sido tradicionalmente dominado por hombres.

La WES es una sociedad académica profesional creada en el año 1919 en el Reino Unido, después de finalizar la primera Guerra Mundial. Fue la primera sociedad en agrupar a mujeres que desempeñaban trabajos de ingeniería en reemplazo de los hombres que se encontraban en el frente del conflicto bélico.