Cuando corrían tiempos en los que se daba por sentado que el fútbol era cosa de varones, y estaban excluidas de ese ámbito las voces de relatoras, comentaristas, periodistas deportivas, árbitras y dirigentes mujeres; cuando el fútbol femenino no tenía nombre que lo enunciara; cuando aún la pelota era el regalo que no se dudaba para los chicos y las muñecas para las chicas; en aquellos años en los que el fútbol era una esfera totalmente masculinizada, nada pudo impedir que la voz de las mujeres igualmente entrara a las canchas.

Y fue a través de las canciones: una enorme cantidad de temas que las hinchadas entonaron y siguen entonando fervorosamente para alentar a sus equipos, canciones hechas por artistas mujeres.

Si bien no en todos los casos son de autoría femenina, sí fueron popularizadas por ellas: sus voces sonaron en las radios o en la televisión, pueblos enteros las cantaron, y el futbol las tomó para dar aliento a sus jugadores, cambios de letra mediante. Canciones eternas, que aún siguen en boca de las hinchadas.


Fue en la voz de Carmen Miranda, que la canción “Mamãe eu Quero” compuesta en 1936 por Jararaca y Vicente Paiva para un carnaval, saltó a la fama y trascendió las fronteras. Según revela el libro “História do Carnaval Carioca”, de la periodista Eneida de Moraes, buena parte de la canción “Mamãe eu Quero” fue improvisada al momento de ser grabada. Con ese mismo espíritu que les dio vida a esos primeros acordes grabados, las hinchadas improvisan su pedido invocando a mamá sin ningún complejo.
O “Ilarié” de Xuxa, la reina de los bajitos, pero también de los grandecitos, que la tomaron para alentar a los suyos con una operación simple de contra hechura: “Es la hora, es la hora, es la hora de ganar…”


“La pollera amarilla”, del colombiano Diego Espinosa Soto, encontró aquí una enorme popularidad cuando nuestra Gladys “La Bomba Tucumana” le puso su voz. Pronto se trasladó a las gradas de los estadios argentinos.
La indiscutida reina en las chancas argentinas es Gilda. Basta repasar algunos de los títulos de la cantante de cumbia que se trasladaron a los coros de estadio: “Paisaje”, “La Puerta”, “Corazón valiente”, “No me arrepiento de este amor”, “Se me ha perdido un corazón”, “Pasito a Pasito”, “Fuiste”, “No es mi despedida”, “Sigo el ritmo”. Esas canciones que ella misma definía como “temas que fueron gol” le valieron tener su mural en Vélez y un equipo platense de futbol femenino con su nombre: Alianza Gilda.


En el ámbito del rock argentino de aquella década, si tuviéramos que señalar la canción que define la masividad por parte de una voz femenina, esa sería la versión que Fabiana Cantilo hizo de “Mi enfermedad”, de Andrés Calamaro, que ella incluyó en su tercer disco solista, “Algo Mejor”.
Según ella misma cuenta, fue “la varita mágica” de Diego Maradona lo que hizo que ese tema la catapultara a esos lugares que, hasta el momento, estaban reservados para pocos artistas. Y para ninguna mujer del rock argentino: “Mi enfermedad” llegó a las canchas de fútbol debido a que, en el primer partido jugado por Maradona en el Sevilla, el 28 de septiembre de 1992, Diego ordenó que el tema sonara en altoparlantes mientras él ingresaba al estadio. A partir de allí, fue usada por muchas hinchadas acomodando la letra de diferentes maneras, tal, por ejemplo, la de Newells.

Fuente: Télam